
El viaje continúa. Después de recorrer en moto el primer tramo del Guadiana, desde las Lagunas de Ruidera hasta el Puente de las Ovejas, llega el momento de volver a ponerse en marcha. En este segundo capítulo de Reencontrándome con el Guadiana, retomamos nuestra ruta en Luciana, el mismo lugar donde continúa el camino que seguimos diez años atrás durante la Expedición Aborigen Caminos del Guadiana.
En 2016 llegamos hasta este territorio navegando en nuestras embarcaciones de enea. Ahora, diez años después, regresamos en moto para volver a recorrer sus paisajes y recordar cómo fue aquella aventura. Desde Luciana, el Guadiana se adentra en uno de sus tramos más espectaculares, marcado por los grandes meandros, las hoces, los cortados y una naturaleza mucho más salvaje.
A partir de aquí comienza una nueva etapa del viaje. Dejamos atrás el Guadiana manchego y entramos en Extremadura, siguiendo el curso del río hacia los grandes embalses de Cíjara, Puerto Peña y Orellana, hasta llegar a Medellín y Mérida.
Es un recorrido en el que el Guadiana vuelve a sorprendernos y en el que también aparecen algunos de los recuerdos más intensos de la Expedición Aborigen Caminos del Guadiana.
En Luciana, el Guadiana recibe las aguas del Bullaque y comienza uno de los tramos más sinuosos del recorrido. Los conocidos como siete meandros forman un paisaje de gran belleza, donde el río avanza entre montes, vegetación de ribera y continuos cambios de dirección.
Durante nuestra expedición de 2016, este sector fue uno de los primeros grandes desafíos. Las embarcaciones de enea necesitaban suficiente profundidad para avanzar y la abundante vegetación, los árboles caídos y los obstáculos del cauce complicaban cada jornada.
En algunos momentos tuvimos que buscar paso entre las ramas y avanzar con mucha paciencia hasta finalmente conseguimos continuar hasta la Tabla del Chiquero, contando con la ayuda de personas que conocían perfectamente este tramo del Guadiana.
Diez años después volvemos a Luciana. Esta vez no tenemos que remar para avanzar, pero sí tenemos la oportunidad de detenernos, mirar el paisaje desde tierra y recordar lo que vivimos entonces.
Y desde aquí, el viaje continúa.
Aguas abajo llegamos al Estrecho de las Hoces, uno de los lugares más espectaculares de este tramo del Guadiana. El río se encaja entre las sierras y aparecen grandes paredes rocosas, zonas de difícil acceso y un paisaje que durante la expedición nos obligó a extremar las precauciones.
Después de superar las hoces alcanzamos la Tabla de la Murciana, donde el río cambia de nuevo. Las aguas se tranquilizan y aparecen los nenúfares y la vegetación de ribera. Fue uno de aquellos lugares que quedaron grabados en nuestra memoria y donde nuestras embarcaciones ya empezaban a acusar el desgaste de los kilómetros recorridos.
Pero todavía quedaba mucho camino por delante. Nuestro objetivo seguía siendo el mismo: continuar siguiendo el Guadiana hacia el oeste.
Y el siguiente gran cambio del paisaje estaba a punto de aparecer.
Al entrar en Extremadura dejamos atrás los meandros y las hoces para encontrarnos con los grandes embalses del Guadiana. Cíjara, Puerto Peña y Orellana transforman completamente el paisaje y también la forma de recorrer el río.
En 2016, estos enormes espacios de agua supusieron un reto para nuestras pequeñas embarcaciones de enea. La corriente prácticamente desaparecía y las distancias aumentaban, obligándonos a avanzar durante largas jornadas a fuerza de remo.
El Guadiana seguía siendo nuestro camino, pero ya no era el mismo río.
En el embalse de Cíjara pudimos comprobar cómo las grandes presas habían transformado el territorio. Bajo sus aguas quedaron antiguos caminos y paisajes vinculados a la vida de las poblaciones de esta zona.
Más adelante, Puerto Peña nos recibió con sus grandes cortados rocosos y sus colonias de buitres. Era un paisaje espectacular, aunque navegar por sus aguas tampoco resultaba sencillo. Una vez más, la ayuda de alguien del río fue fundamental para poder continuar.
Después llegó Orellana, donde el Guadiana adquiere definitivamente el aspecto de un gran lago.
Aguas abajo, en Villanueva de la Serena, encontramos a una sirena monumental, pero también contaminación y al camalote, otro de los grandes problemas ambientales que encontramos durante la expedición, una planta invasora que podía llegar a formar grandes masas flotantes y dificultar la navegación.
Superados los grandes embalses, el Guadiana vuelve poco a poco a recuperar su carácter de río. Nuestro recorrido nos lleva hasta Medellín, donde naturaleza e historia se encuentran a orillas del cauce.
El puente, el castillo y los restos de la antigua ciudad romana nos recuerdan que el Guadiana ha sido durante siglos una importante vía de comunicación. Precisamente esa relación entre el río y las personas estaba en el origen de nuestra Expedición Aborigen Caminos del Guadiana.
Finalmente llegamos a Mérida, otro de los grandes lugares históricos vinculados al río. Después de tantos kilómetros de aventura, esta ciudad representa una parada para descansar y mirar atrás antes de continuar hacia el Atlántico.
Diez años después, recorrer de nuevo este tramo nos permite comparar dos momentos muy diferentes. En 2016 avanzábamos sobre el agua con unas embarcaciones construidas con fibras vegetales. Ahora lo hacemos en moto, siguiendo las carreteras y caminos próximos al Guadiana.
Pero el objetivo sigue siendo parecido: seguir el río, descubrir sus paisajes y entender la relación que existe entre el Guadiana y las personas que han vivido junto a él.
Este es el segundo capítulo de Reencontrándome con el Guadiana. Retomamos el camino en Luciana, exactamente donde continúa nuestra historia, y seguimos avanzando hacia el oeste.
De Luciana a Mérida. Otro tramo del Guadiana. Diez años después, la aventura continúa.
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